¿Cómo
transformar mi vida?
Nos esforzamos
por conocer, aprender y entender las ciencias de este mundo, deseamos ser más
profesionales, expertos o simplemente cultos, tener propiedad a la hora de
abordar un tema, pasar como conocedores y cada vez ser: menos ignorantes.
Seguramente hemos notado que la lectura y el conocimiento
cambian a la persona, y adquiere nuevos hábitos o abandona sus viejas
actitudes, en fin, hay un resultado, tal vez mínimo o radical, dependerá de la
pasión y objetivos con los que se sumerja en ese nuevo conocimiento. Seguramente
la vida no sigue igual, después de haber investigado y meditado respecto a un nuevo
saber.
Un ejemplo muy simple es: Quien se profesionaliza y adquiere
un título universitario, ya no será el mismo y entonces, en el mejor de los
casos, sacará provecho de estos nuevos saberes, ejercerá la profesión y
obtendrá sus beneficios: morales y económicos.
Entonces solo quiero estar claro en lo siguiente:
Entre más conocemos de un tema, más provecho podemos obtener
de ese conocimiento.
Piensa qué provecho le has sacado a todo lo que has
aprendido. No me refiero a provecho económico únicamente, sino al provecho moral.
¿Cambió tu manera de pensar? ¿Cambió tus opiniones? ¿A cambiado la forma en que
te relacionas con los demás? De cualquier forma, ya no vivimos igual que antes.
Ahora vayamos al libro de los Salmos en su capítulo uno y
verso dos:
“Sino que en la ley de
Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche.” Salmo 1:2 RV
Deleitarse implica el disfrute de la lectura, amar lo que
lees, apasionarte en su contenido. Si un médico se apasiona por el sistema
cardiovascular, llegará a ser un especialista de renombre y seguro vivirá bien con
sus honorarios.
Ahora pensemos: ¿Si disfrutamos y nos apasionamos por la
lectura de la Biblia? ¿Qué beneficios obtenemos?
Imaginemos que: Estudiamos de día y de noche, meditamos y
reflexionemos en la Palara de Dios. Por supuesto, que este deleite implica una
acción, llevar a la práctica este conocimiento, este deleite no se refiere a
una simple lectura o memorización. El estudio y la meditación de la Palabra de
Dios acompaña el imperativo de santidad. Es decir: meditar en las Escrituras te
exige el deber inexcusable de ser santo.
Hay quienes estudian y se memorizan la Palabra de Dios solo
para cambiar a otros, cuando la Palabra es para transformar la vida de quien la
escudriña.
Por ejemplo, si meditamos en los siguientes pasajes
bíblicos:
a.
Proverbios 1: 1 - 7 ¿Tendrá algún provecho
estudiar la Palabra de Dios?
b.
Romanos 2: 13 ¿Bastará solo con leer y memorizar
las Escrituras?
c.
Proverbios 13:3 ¿Cómo aplicar este consejo a
nuestra vida?
Solo me queda repetir la invitación que Jesús mismo hizo,
según está escrito en el evangelio: Juan 5:39 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas
tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;”
Sin embargo, debemos observar en este pasaje bíblico, que: Los
fariseos, creían que las Sagradas Escrituras eran inspiración de Dios, pero por
más que la memorizaban, no conseguían cambiar su corazón. Por esta razón debo
insistir en que: Hay quienes estudian y se memorizan la Palabra de Dios solo
para cambiar a otros, cuando la Palabra es para transformar la vida de quien la
escudriña.
Para terminar, recordemos el consejo de la Palabra de Dios
en Romanos 12:2 “No os conforméis a este
siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento,
para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”
Conocer, escudriñar y meditar en la palabra de Dios, hará
que en ellas encontremos deleite y sabremos, al ponerla en práctica, cuál es la
voluntad de Dios en nuestras vidas.
Ánimo, sigamos adelante transformando nuestra vida con en
conocimiento de la Biblia como la infalible palabra de Dios.
Obdulio León
Comentarios