Nada y nadie te hagan retroceder o dudar de seguir a Jesucristo, persevera, avanza. Somos muchos los hermanos en la fe, compañeros en las tribulaciones y en el crecimiento. Oramos unos por otros y esperamos en Dios que te multiplique las fuerzas para no retroceder sino avanzar y perseverar para preservar tu alma.
“Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la perseverancia de Jesucristo,…” fueron las palabras del apóstol al ser privado de su libertad y llevado a una isla (colonia penal).
Juan fue testigo de la resurrección de la hija de Jairo, cuando Jesús dijo las palabras “¡Talita cumi!, así nosotros somos testigos de la obra maravillosa de Dios, al darnos vida y vida en abundancia.
La perseverancia de nuestra fe, implica un crecimiento constante; debemos aprender y poner por obra lo que la Biblia nos enseña. En ocasiones fallamos, pero no debemos usar excusas para fallar, es decir nuestras faltas no son deliberadas. Juan aprendía de sus errores, porque cuando los cometió Jesús lo amonestó y Juan corregía sus caminos.
Equivocadamente Juan con su hermano, piden al Señor: “que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda” a lo que Jesús les respondió “No sabéis lo que pedís.” Ellos apenas empezaban a comprender que el reino de los cielos no consistía en cosas materiales sino en espirituales. Hoy día vamos entendiendo poco a poco que el seguir al Señor Jesucristo, no consiste en cosas terrenales sino en cosas espirituales.
En ocasiones nos asustamos de la manera en que Dios se manifiesta en nuestras vidas, el Espíritu Santo nos sorprende cada día. Sucedió a Juan cuando estaba con Pedro y Jacobo, vieron como el Señor Jesús “se transfiguró delante de ellos, sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningún lavador en la tierra los puede dejar tan blancos. Y vieron a Elías y a Moisés que hablaban con Jesús.” Y la Biblia dice que Pedro no sabía lo que hablaba, pues estaban asustados.
No podemos negar que hasta los apóstoles tuvieron sus errores y el Señor los amonestó, sin embargo, ellos cambiaron, Juan fue superando por cada desacierto, por eso él dice “…compañero… en la perseverancia de Jesucristo”; nosotros cometemos errores pero debemos aprender de ellos y no utilizar de excusa que “hasta los apóstoles fallaron”. Que nuestros errores no sirvan para ya no cometerlos y madurar en nuestra vida.
Juan, había aprendido y había madurado, de tal manera, que un día iban con Pedro a orar (para ellos el orar era ya una disciplina), se encuentran con un cojo de nacimiento y con toda seguridad le dicen: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”
Juan predicaba sin miedo, junto a Pedro, decían: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en que podamos ser salvos”, y cuando veían su valentía les reconocían que habían andado con Jesús. Para asustarlos, les prohibieron que hablaran o enseñaran en el nombre de Jesús, mucho menos que sanaran. Pero ellos respondieron “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Por tanto, la vida en Cristo no consiste solo en ir al templo a un culto o ser miembro de una congregación o tener privilegios en la iglesia. Se trata de perseverar, de madurar, de escuchar la voz de amonestación de Dios y de cambiar nuestros actos. Ser cada día diferente y llevar en todo lugar el mensaje del evangelio de Jesucristo el Hijo de Dios.
Nada y nadie te hagan retroceder o dudar de seguir a Jesucristo, persevera, avanza. Somos muchos los hermanos en la fe, compañeros en las tribulaciones y en el crecimiento. Oramos unos por otros y esperamos en Dios que te multiplique las fuerzas para no retroceder sino avanzar y perseverar para preservar tu alma.
Amén.
Pastor: Obdulio León (La Misión)
Ref. Apocalipsis 1:9 Marcos 5:21 Marcos 9:2 10:35 Hechos 3 y 4
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