Cuando queremos preservar algo (es decir: evitar que se arruine o se eche a perder), hacemos hasta lo imposible para garantizar su preservación. Ejemplo: compra un refrigerador para que no se arruinen los alimentos.
Si le digo que debe preservar su alma ¿Qué debe hacer para lograrlo? En este caso no funcionará comprar un refrigerador para congelar su alma y evitar que se arruine o descomponga. Aquí es donde funciona la “fe”.
Pablo (antes Saulo), escribe a los hebreos diciendo: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Estas palabras explican la seguridad que tenemos que Jesucristo es nuestro Señor y Salvador y que tendremos vida eterna y reinaremos con Él.
Si estamos seguros y sabemos que estamos en la verdad, entonces nada nos debe hacer retroceder de los caminos de nuestro Señor Jesucristo. Sabemos lo que esperamos y hemos creído en lo que no vemos. Si alguien nos dice ¡Enséñame a tu Dios! o nos pide una prueba de que Él existe, creo que una de las respuestas que podríamos utilizar, son las mismas palabras del apóstol Pablo:
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que él existe y que recompensa a los que lo buscan.”
Al respecto de la fe, Pablo decía: Sigamos confiando en que Dios nos salvará. No lo dudemos ni un instante, porque él cumplirá lo que prometió. Así que si usted es de los que decidió recibir al Señor Jesucristo como su único y suficiente salvador, debe permanecer firme y no desmayar, no dejando de congregarse como algunos tiene por costumbre. Si aun no ha decidido aceptar el perdón que solo Jesucristo puede dar, le invitamos a acercarse a Dios por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
La Biblia dice que una vez decide seguir los caminos de Dios, usted vivirá por fe y no debe apartarse, porque eso no le agrada a Dios. Por eso todo aquel que ha decidido entregar su vida a Dios (usted y yo), debemos testificar cada día, como lo dijeron los discípulos de Jesús y los apóstoles:
“Pero nosotros no somos de los que retrocedemos para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”
Mantenga una vida de oración, de congregación, lectura de la Biblia, fidelidad y amor, nada lo haga retroceder, ni para tomar impulso. Por la fe, cayeron muros, conquistaron reinos, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de estada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas… El poder de la fe, es tal, que puede preservar su alma.
“Por eso debemos dejar de lado el pecado que es un estorbo, pues la vida es una carrera que exige resistencia. Pongamos toda nuestra atención en Jesús, pues de él viene nuestra confianza, y es él quien hace que confiemos cada vez más y mejor. Jesús soportó la vergüenza de morir clavado en una cruz porque sabía que, después de tanto sufrimiento, sería muy feliz. Y ahora se ha sentado a la derecha del trono de Dios. Piensen en el ejemplo de Jesús. Mucha gente pecadora lo odió y lo hizo sufrir, pero él siguió adelante. Por eso, ustedes no deben rendirse ni desanimarse, pues en su lucha contra el pecado todavía no han tenido que morir como él.”
En realidad, todo el que es hijo de Dios vence lo malo de este mundo, y todo el que confía en Jesucristo obtiene la victoria.
El que cree que Jesús es el Hijo de Dios, vence al mundo y a su maldad.
Amén.
Pastor: Obdulio León (La Misión)
Ref. Hebreos capítulos 10, 11 y 12 1ª.Juan 5: 4-5
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