En cada una de esas dificultades de la vida Dios puede mostrar su fuerza, pelear por nosotros y cantar victoria. Sin embargo hay una condición: que los problemas y dificultades de la vida nos alcancen, en el lugar donde Dios nos ha ordenado estar; y es que a veces queremos que Dios peleé por nosotros pero en un territorio donde él no está.
Esta escrito que nuestro Dios peleará por nosotros y que obtendremos la victoria. Él es nuestro guerrero, nuestro capital y nuestro libertador.
En varia ocasiones hemos leído o visto cuando el pueblo de Israel se encontraba entre la espada y la pared, ellos salieron de Egipto hacia una tierra prometida, iban camino por el desierto hacia un mejor lugar. Sin embargo, “cuando el rey de Egipto supo que los israelitas se estaban escapando, él y sus asistentes se arrepintieron de haberlos dejado ir, y dijeron: «¡Pero qué locura hemos hecho! ¿Cómo pudimos dejar que los israelitas se fueran? Y ahora, ¿quién va a trabajar por nosotros?»”
Mientras tanto en el desierto. “Dios le dijo a Moisés: «Diles a los israelitas que regresen y acampen frente a Pi-hahirot, es decir, entre el mar y Migdol, que está exactamente frente a Baal-sefón. Así el rey de Egipto pensará que cuando ustedes llegaron al desierto no supieron qué hacer y decidieron volver.”
Observe, un pueblo encerrado entre el mar y Migdol, perseguido por seiscientos de los mejores carros de guerra, y todos los demás carros que había en Egipto. Los israelitas, por su parte, habían salido de Egipto cantando victoria. Poco después, los egipcios alcanzaron a los israelitas en el lugar donde Dios les había ordenado acampar.
Se ha dado cuenta que el ejército enemigo encontró al pueblo de Israel “en el lugar donde Dios les había ordenado acampar”, al ver esto el pueblo tuvo miedo y clamó pidiendo ayuda a Dios.
Creo que todos hemos o estamos, en situaciones difíciles, situaciones que nos ponen entre la espada y la pared, momentos en lo que ya no sabemos qué hacer, porque vemos por un lado un mar que puede ahogarnos en nuestras dificultades y por otro lado el riesgo de perder si luchamos con nuestras fuerzas. Estos problemas nos hacen pensar que lo mejor sería morir o resignarnos a sufriendo los problemas.
En cada una de esas dificultades de la vida Dios puede mostrar su fuerza, pelear por nosotros y cantar victoria. Sin embargo hay una condición: que los problemas y dificultades de la vida nos alcancen, en el lugar donde Dios nos ha ordenado estar; y es que a veces queremos que Dios peleé por nosotros pero en un territorio donde él no está.
Dios prepara la emboscada, él peleará por nosotros, pero nosotros debemos estar donde él quiere que estemos, por eso es necesario leer la Biblia para saber qué debemos hacer y dónde debemos estar. Pida a Dios que le muestre dónde debe estar usted, hágalo en oración, lectura de la Biblia, escuchando sermones y cantando alabanzas. Cuando usted está en el lugar que Dios le ha ordenado, la victoria es segura.
Muchos quieren la ayuda de Dios, pero no quieren estar en el lugar que Dios les ha ordenado, siguen haciendo maldad, viven en adulterio, se han acomodado a una vida de libertinaje, etc. Es hora de que hagas lo que el pueblo de Israel hizo, No peleo con sus fuerzas, No se rindió, sino CONFIO EN DIOS y le obedeció al acampar donde Dios le ordenó.
La Biblia dice que con el corazón se cree para justicia y con la con boca se confiesa para salvación.
La salvación de los israelitas llegó cuando Dios con su poder infinito, abrió el mar para ellos, lo pasaron en seco y obtuvieron la victoria.
La salvación para ti, de cualquier situación difícil, es Jesucristo. Es increíble que sabiendo que Cristo es la solución muchos no quieren aceptarlo. Como que los israelitas hubieran dicho “no queremos pasar el mar en seco” preferimos morir, pero eso no fue así; ellos vieron que estaban a punto de morir en manos de los egipcios, pero decidieron recibir la salvación de Jehová y pasar el mar en seco, porque fue abierto para ellos. Cristo murió por ti, solo debes aceptarlo.
No pelees con tus fuerzas, no te rindas, solo confía en Dios.
Pastor: Obdulio León (La Misión)
Ref. Éxodo 14 Romanos 10: 9-10
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