En realidad amamos a Jesucristo, como respuesta a su amor. Amamos a Dios
porque fue su amor tan grande, al dar a su único hijo, para morir en
nuestro lugar.
El amor de Jesús fue tan grande que no le importó ser igual a Dios, ni lo tomó como cosa a qué aferrarse, sino, tomando forma de hombre, se entregó a sí mismo, hasta morir en una muerte de cruz, y todo por amor.
Entonces, estamos fuera de lugar cuando nos atrevemos reclamarle a Dios por las cosas que nos pasan, y que no están a nuestro favor (me refiero a lo que nos aflige, nos agobia y nos presiona). La frase "por qué Señor", "dónde estabas Dios" y "por qué a mi", solo son una mala expresión y sin sentido, pues si Dios es grande en misericordias y amor, entonces sus pensamientos y planes para con nosotros son de bendición y de prosperidad.
Dios quiere lo mejor para nosotros, eso es muestra de su amor para con nosotros. Entonces debemos entender y pedirle que Él mismo revele, cuáles son sus propósitos en nuestra vida, para dejarnos guiar por su Espíritu y andar en sus caminos, porque si estamos calibrados con el corazón de Dios, estaremos bien, porque su voluntad es buena, agradable y perfecta.
¿No será entonces, que estamos solo sufriendo las consecuencias de nuestras decisiones, decisiones en las que no tuvimos en cuenta a Dios? es hora de darle a Dios el control de nuestra vida, y así nos ira bien en todo.
Estamos a su órdenes; para que juntos, comprender las verdades de las Escrituras, para encontrar en ellas paz y oportuno socorro.
Pastor: Obdulio León (La Misión)
Ref.
Juan 3:16
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