¿Cuánta gente tienes a tu servicio? Regularmente tenemos a gente que, de alguna u otra manera, está en una posición inferior a nosotros. Me refiero solo a la jerarquía de autoridad en una línea de mando, es decir, alguien te dice “qué manda jefe”, “a sus ordenes patrón”, “en que puedo servirle”, “aquí estoy para ayudarle”, en fin hay varias frases. Solo cuando sientes que estas bajo autoridad sueles ponerte al servicio de alguien más.
El ayuno, no es una institución religiosa o mandato incondicional para alcanzar tus metas. Jesús advirtió que no se hiciera por una costumbre religiosa o en el peor de los casos, sólo para demostrar a las personas que sí pueden hacerlo. Aquel que ayuna para que la gente se entere que es un hombre piadoso, no gana más allá que la aprobación humana.
Como en la antigüedad, hoy día aun hay quién se atreve a reclamar a Dios después de un ayuno. Como que el ayuno fuera una manera de obligar a Dios para que haga lo que uno quiera, ¡equivocación! Dios dijo: “Me piden justos juicios y quieren acercarse a Dios. Dicen: ¿por qué ayunamos y no hiciste caso, humillamos nuestras almas y no te diste por entendido? He aquí que en el día de vuestro ayuno buscáis vuestro propio interés…”. Ya no ayunemos como lo hacemos hoy, es decir “para buscar nuestros propios intereses”. Si hacemos ayuno como Dios lo quiere, entonces nuestra voz será oída en lo alto.
El ayuno que a Dios agrada es:
- Que hagan lo correcto, que vivan justamente, que vivan en paz con todos.
- Que amen al prójimo, ayudar a las personas con abrigo, comida y morada.
- Que se haga para honrar a Dios, desde el corazón para Dios, no para alcanzar tus metas materiales, sino para agradar a Dios desde lo profundo de tu corazón, para agradarlo a él y no para agradar a otros.
- Que cuando ayunen, se peinen bien y se laven la cara, para que las demás personas no noten que están ayunando.
Entonces, si haces ayuno como le agrada a Dios: Brillaras como la luz del amanecer, tus heridas sanaran muy pronto, lo bueno irá delante de ti, y la protección de Dios cuidará tus espaldas. No necesitas guardaespaldas cuando la gloria de Dios es quien guarda tu retaguardia.
Y como si esto fuera poco, llamarás, y el Señor responderá; pedirás ayuda, y él dirá:
¡Aquí estoy!
Él, Rey de reyes, Señor de señores, el gran Yo Soy, se pone a tu servicio, te dice ¡Aquí estoy! Se pone a tus órdenes, El Señor te guiará siempre; te saciará en tierras resecas, y fortalecerá tus huesos. Serás como jardín bien regado, como manantial cuyas aguas no se agotan.
Cuando agradas a Dios con un ayuno verdadero, pasan estas cosas maravillosas. Dios te dice ¡Aquí estoy!
Pastor: Obdulio León (Iglesia La Misión)
Ref. Mateo 6; Isaías 58.
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